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Más que un sentimiento, una adicción
Posted by dufenog3
on
8:53
Las conversaciones habituales sobre mujeres, salidas, gileos, agarres, fiestas, encuentros no oficiales , encuentro oficiales, salidas inocentes al cine , salidas no tan inocentes, tardes en el parque de las aguas, momentos en el taco, entre otras cosas; compiten con una de las pasiones más peculiares, puesto que una redondez parece tenerlos atraidos a cada uno de ellos (por igual). Es increible que una silueta tan redonda y tan perféctamente voluminosa, cuya rutina diaria es arrastrarse por los suelos y gozar ser pateada por tantitisimos hombres en semi-calzoncillos, sea tan competentemente atractiva para los ojos del sexo opuesto.
Es real, dar pataditas en el grass, correr y anotar goles, ha sido (desde siempre) uno de los pasatiempos pasionales de todos los hombres hinchas de algún color en especial, que en este relato será crema en toda su magnitUd (con U mayuscula, por que como dice Miyashiro "La U es la U").
Sí, el estadio es la siguiente parada en la travesia de relatos a los que La Infiltradah los tiene acostumbrados. Ya que, la fervorocidad contagiante que se siente en este enorme parque con rayas blancas, es semejante a la emoción de una primera cita o el primer beso con alguien especial (Sin dejar de lado, el sacrificio del Martes de cine con el novio, cuando un Clásico se interpone en el camino de rositas, chocolates, corazones y colores rojos de una chica común y silvestre, es decir, una chica que no sabe para que sirve la tarjeta roja en un partido).
Pero ésta blogger persiste en su propósito futbolístico de descubrir lo que hacen los señoritos cuando la pelota es protagonista de TODAS sus miradas. Para ello un asiento rojo en occiendente, un helado de fresa y el cancionero con todas las barras cremas recopiladas, es como ésta escritora descubre que este "mal del balopie" es crónico y tanto hombres como mujeres padecen de él ( Y he de confesar que empiezo a sentir los síntomas).
Sí, una enfermedad colectiva cuya fase empieza por vestirse de crema, comprarse el CD con las barras merengues, gritar frenéticos consejos a los jugadores (a pesar que ninguno de ellos alcanzará a escucharlos), decirle pelado al entrenador, hacer sentadillas cada vez que el equipo se acerca al arco, renegar cuando una de las temidas tarjetas es expuesta por el tipejo de verde fosforescente, responder las repetitivas llamadas de la novia con la perturbación que metan el ansiado gol en ese mismo desafortunado momento de "comunicacion de pareja", brincar como un niño en cada gol, lamentar las derrotas y (sobretodo), seguir siendo hincha a muerte, pasando por alto los pésimos pases que se mandan aveces.
Los mencionados son uno de los tantítismos padecimientos que el papá, el abuelo, el hermano, el novio, el amigo, el conocido, el tio , el primo y el desconocido pueden tener. Asistir al estadio es el primer paso, dejar de hacerlo es el reto. Por el momento La Infiltrada se ha reencontrado con su equipo de nacimiento (causante de la compra de aquel polito crema talla 4 que solia ponerme mi padre durante un partido). La próxima nota con plumas de gallina se describirá desde el ángulo de la tribuna Norte del monumental estadio, protagonista de una hinchada que no se cansa de alentar al sentimiento que dice llamarse Universitario y apellidarse Campeón. Ésta blogger vivirá con la fantasia de que el apellido es cierto.
Momento hincha





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