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El oasis del Eco Truly Park



¿Te imaginas una comunidad ecológica por excelencia, que como representación tenga a un pájaro de piedra en su entrada y, por si fuera poco, la redondez de las paredes de las viviendas se asemejen a las de los pitufos, en donde la pitufina (en este caso ecológicas características)  reemplaze los platos tradicionales por hojillas de platanales (orgánicamente justificadas) en favor de una vida natural en esencia? 

No creas que ésta blogger esta alucinando, producto de algún estupefaciente inspirador de muchas de las letras musicales del grupo punk "6 voltios". A 1 hora y 20 minutos de  Lima en las orillas del mar de Chancay, el Eco Truly Park , existe y persiste en brindar una experiencia de color verde.

Un lugar cuyo principio Vaisnavas , permite que tanto residentes como voluntarios experimenten a la naturaleza en su máxima expresión y, de esta forma, aprender el verdadero concepto de lo que es ARMONIA, entre los hermosos paisajes playeros de Chancay y en medio de un contexto de paz, tranquilidad, meditación y reconocimiento de uno mismo como ser humano en busca de un equilibrio con los demás elementos de nuestro hábitat: EL MUNDO.

No me comas

Algo que es necesario resaltar es la inquebrantable decisión de no comerse los unos a los otros (cual mandamiento divino).

"Acá nadie te obliga a hacer esto, es una decisión que sale del fondo de uno. Es un principio moral no comerte a otro ser vivo. Los animales tiene el mismo derecho que nosotros de alimentarse y vivir, porque quitarles esta gracia por el simple de hecho de ser humanos?", me dijo uno de los líderes del Eco Truly Park.

En un lugar cualquiera, pedir un platillo suculento, tiene como protagonista a la carne (en cualquiera de sus peruanísimas presentaciones). Es por ello que las pocas veces que esta blogger se animó a realizar estos raros pedidos a la carta, la hambruna prevaleció frente a las buenas intenciones de colaborar con los pollitos para que no sean rostizados, horneados, macerados y finalmente triturados en sacrificio de mi paladar. La misión de la abstinencia carnal ha desertado numerosas veces, en mí. Presumo que  la lucha interna persistirá en el tiempo.

Pero la realidad cambia en la verdusca, armoniosa, espiritual y (sobretodo) VEGETARIANA comunidad. Aquí, comer sin la compañía de un filete es la normalidad, Un pececito, vaquita, pollito, o huevo está libre de sacrificio canivalesco. "Para hacerlo, debes comprar porque lo haces", me dijo alguna vez uno de los miembros, vía facebook.

Con  3.5 hectáreas para meditar de diversas maneras, con sus singulares construcciones arquitectónicas y los valores inspirados en las enseñanzas místicas de la lejana India. El Eco Truly Park, abre sus puertas de par en par a todos aquellos samaritanos perdidos en el aturdido laberinto de  vida a 1000 por hora (como aquella novela mexicana adolescente).




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